Inmigrantes con síntomas de COVID-19 sufren en silencio temiendo deportación

Honduran immigrants deported on a flight from Mexico April 15, 2020, demand to be freed as they are bused to a shelter in Tegucigalpa, Honduras, to be quarantined during the coronavirus pandemic. CNS photo/Jorge Cabrera, Reuters

ST. PAUL, Minnesota (CNS) – Raúl Castaneda, de 48 años, no se sentía bien y experimento fiebres fluctuantes y cansancio durante las dos semanas antes de su muerte debido al COVID-19 en abril. Pero no quiso buscar atención médica.

Él y su familia carecían de seguro médico, dijeron sus seres queridos y amigos. Pero al ser un inmigrante en el país sin papeles, temía ser arrestado y expulsado del país. Sin duda, eso fue un factor por no buscar atención médica.

“En todo momento estaba consciente del peligro de que lo arrestaran”, dijo Carlos Urrutia, un inmigrante como Castaneda que aboga por la justicia económica y racial a través de ISAIAH, una coalición de comunidades religiosas con sede en St. Paul. “¿Por qué no pensaría que si iba al hospital, además del dinero, por qué no pensaría que es una persona que ICE (el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas) podría arrestar?”

Urrutia, de 46 años, y Richard Podvin, ambos miembros, igual que Castaneda, de la parroquia St. Odilia en Shoreview, dijeron que temen que la situación de Castaneda sea igual que la de muchos inmigrantes indocumentados, que podrían sufrir con el nuevo coronavirus, arriesgando sus vidas y las vidas de sus seres querido.

“Los inmigrantes indocumentados a menudo no tienen seguro, no tienen recursos financieros para pagar los costos de la sala de emergencias y se sienten presionados para ir a trabajar sin importar cómo se sientan, para mantener a sus familias”, dijo Podvin. “Además, temen ser una ‘carga pública’ y luego se les niega la consideración” para la residencia permanente.

Sin embargo, dijo Podvin, el gobierno federal ha dicho que no considerará atención médica por COVID-19 u otras enfermedades transmisibles un factor en las determinaciones de “carga pública” que son hechas por el gobierno federal mientras intenta garantizar que los inmigrantes que ingresan al país o buscan la residencia permanente puedan mantenerse económicamente.

Pero para muchos inmigrantes, ese mensaje de esperanza se ofuscó cuando la administración Trump en febrero, amplió su definición de carga pública, de alguien que podría depender de la asistencia económica o de la atención institucionalizada a largo plazo del gobierno, para incluir también a los inmigrantes que reciben asistencia pública como Medicaid, vales de vivienda, asistencia de alquiler o cupones de alimentos, dijo Podvin.

Esa definición más amplia ha provocado temores entre los inmigrantes que buscan no llamar la atención, dijo.

Podvin, de 78 años, un trabajador social psiquiátrico jubilado, habla español con fluidez y es activo en la comunidad latina de St. Odilia, donde conoció a Castaneda y a la compañera de Castaneda, Enedelia Martínez, de 47, y sus dos hijos, Elena de 14 años y Paolo, de 9 años, que asisten a las escuelas públicas en Roseville y Little Canada.

Podvin se puso en contacto con The Catholic Spirit, periódico de la Arquidiócesis de St. Paul y Minneapolis, para llamar la atención a la muerte de Castaneda y la difícil situación de los inmigrantes en el país sin papeles que temen buscar atención médica durante la pandemia.

Es importante que las personas de la comunidad conozcan la protección que brinda el gobierno federal, para que puedan compartir esos hechos y alentar a los inmigrantes indocumentados a buscar ayuda cuando la necesiten, dijo Podvin. Buscar la atención médica adecuada también protege a la comunidad en general, dijo.

Con Urrutia y Podvin actuando como intérpretes, Martínez dijo que aunque es una inmigrante indocumentada, quiere contar lo que le pasó a su familia para ayudar a otros. Se siente relativamente cómoda compartiendo su nombre porque no cree que será un objetivo de alta prioridad para los funcionarios de ICE, dijo. Aun así, ella y Castaneda, quienes llegaron a Estados Unidos desde México hace casi 20 años y tuvieron a sus hijos en este país, siempre han estado conscientes del riesgo de deportación. Si fueran deportados, eso podría separarlos de sus hijos, que son ciudadanos estadounidenses por nacimiento, dijo Martínez.

“El miedo siempre ha estado en nuestras vidas”, dijo. “Pero cuando llegó la enfermedad, nunca pensamos que se pondría tan mal”.

Tuvieron mucho cuidado para evitar contraer el coronavirus, dijo Martínez. En su grupo de oración semanal de aproximadamente 10 familias en St. Odilia, que se llevó a cabo en las casas de las personas y les dio tiempo y acompañamiento para rezar el rosario y orar unos por otros, Martínez se aseguró de que todos se mantuvieran a 6 pies de distancia entre sí, usaran máscaras y se lavaran las manos.

A medida que la pandemia de coronavirus se profundizaba en Minnesota, ese grupo de oración comenzó a usar reuniones virtuales en Zoom y ha crecido a unas 30 familias, incluso familiares y amigos de personas en El Salvador, México y otros países, dijo Podvin.

Castaneda y Martínez se ganaban la vida cocinando, lavando platos y limpiando en restaurantes en Shoreview y Roseville.

Cuando el gobernador Tim Walz cerró restaurantes, bares, salones, iglesias y otros lugares de reunión en todo el estado el 18 de marzo, el horario de la pareja se redujo considerablemente. Pero continuaron ayudando a limpiar los dos restaurantes donde trabajaban, ya que los dueños del restaurante anticiparon abrir nuevamente en una fecha posterior, dijo.

El 4 de abril, después de ayudar a limpiar un restaurante en dos días laborales diferentes, Castaneda llegó a casa sintiéndose enfermo e inusualmente cansado, dijo Martínez.

Pero empezó a sentirse mejor y la semana siguiente trabajó dos días más. Pero para el 18 de abril tenía fiebre alta y se sentía bastante enfermo, dijo Martínez, y agregó que ella también se sentía enferma.

Los síntomas de cada uno de ellos aumentaron y disminuyeron, y no llegaron a un punto de emergencia hasta el 25 de abril, cuando otro miembro de la familia determinó que era hora de ir al hospital. Castaneda se duchó y se peinó, pero eso le quitó toda la energía y “sólo quería acostarse de nuevo”, dijo Martínez.

Cuando se levantó para intentar salir por la puerta, tuvo dificultad para respirar y empezó a temblar. Martínez dijo que lo agarró gritando: “No, no me dejes ahora, no me dejes ahora, Raúl”.

Llamaron a una ambulancia y a Martínez se le administraron primeros auxilios, pero no se podía sentir su pulso. Los paramédicos le pusieron oxígeno y lo conectaron a un desfibrilador, pero no pudieron resucitarlo.

Una autopsia mostró que Castaneda había contraído el nuevo coronavirus, y Martínez también dio positivo. Los funcionarios médicos no examinaron a sus hijos porque no mostraban síntomas, dijo Martínez, en lo que ella considera un error. Uno de ellos más tarde desarrolló fiebre pero se recuperó, dijo.

“Están realmente equivocados en no haber examinado a los niños”, dijo. “Entonces, ¿cómo sabemos que no están transmitiendo el contagio a otras personas?”

El hermano de Castaneda, que vive en Wisconsin, acogió a la familia. Practicaron el distanciamiento social y usaron máscaras mientras se quedaban con él. Ahora, la familia está de regreso en Roseville, viviendo en un complejo de casas móviles. Martínez está tratando de sobrevivir con la ayuda de familiares y amigos.

Eso ha incluido la ayuda de una campaña de GoFundMe montada por amigos que recaudaron más de $20,000 para ayudar a pagar por el funeral de Castaneda y ayudar a Martínez con el alquiler y otras necesidades inmediatas.

“Eso solo te dice cómo esta familia es querida no solo por sus amigos, sino por la comunidad”, dijo Urrutia. “Porque siempre están dando”.

Martínez dijo que algunas personas podrían argumentar que ella, Castaneda y sus hijos ni siquiera deberían estar en Estados Unidos al no tener la documentación adecuada. Pero la gente tiene derecho a mejorar a sus familias a través de la inmigración, y Estados Unidos ha hecho que eso sea extremadamente difícil, y en algunos casos casi imposible, obtener visas, lo que les llaman greencards (tarjetas de residencia) y ciudadanía, dijo.

Lamentando la pérdida de Castaneda y enfrentando un futuro incierto, Martínez dijo que sigue contenta de que su familia esté en los Estados Unidos.

“Este es un país que nos da muchas oportunidades y no quiero quitárselo a mis hijos”, dijo.